Opinión

CUADERNO PÚBLICO, POR MI CULPA

CUADERNO PÚBLICO, POR MI CULPA

El gobierno priista de Michoacán acaba de dar un nuevo golpe a las pequeñas empresas al subirles el impuesto a su ingreso en hasta 500 por ciento, en algunos casos. Se trata de la terquedad, de la visión autoritaria de lo que es el gobierno, de entender al empresario pequeño (los llamados REPECOS) como la alcancía de emergencia que subsidie el dispendio y la ineficacia de la administración pública estatal.

Pequeños talleres de herrería, papelerías, cocinas económicas, imprentas menores, boneterías y diversos servicios, entre otros giros mercantiles, casi siempre sostenidos más por el invaluable esfuerzo familiar que por las ganancias, así como por la entrega de sus colaboradores (no hay que decir “empleados”), vuelven a sufrir la lata de un gobierno enredado en sus pleitos intrapartido, que la federación no le hace caso, que ni siquiera tiene la capacidad administrativa para recaudar con justicia tributaria y repartir beneficios con justicia distributiva; un gobierno que se pone muy bravo con los pagaimpuetos menores pero se porta como perrito faldero con el presidente de la república y con la delincuencia organizada. Una señora dueña de una papelería me dijo: “Ora si quedamos bien, yo pago impuestos por dos lados: me sacan “cuota” y me sacan impuestos”. Y es que en verdad la partidocracia ha creado tres gobiernos: el de Fausto Vallejo, el de Jesús Reyna y el de los grupos que operan al margen de la ley. Esa señora pagaba 230 pesos en cada entero, ahora paga 990… al gobierno oficial, más 500 semanales al gobierno paralelo.

Los que están en el gobierno –digo así porque no gobiernan- no entienden que hay que alentar el emprendimiento, no sofocarlo (muchos de sus funcionarios nunca han administrado y trabajado ni doce gallinas ponedoras); se muestran insensibles cuando Michoacán es zona de desastre por los estropicios de la temporada de lluvias, por la violencia y el miedo, por las maltrechas finanzas públicas y porque la economía del país, en general, va en picada. En lugar de aplicar medidas de emergencia que levanten el progreso económico con desarrollo social, con una visión ciudadana, el gobierno y los partidos se atrincheran en sus posiciones y ya hacen cálculos electorales, ignorando el cotidiano esfuerzo de los michoacanos, en especial, de quienes el día que pagan salarios no les da gusto sino susto: los pequeños empresarios.

Es injusto el incremento al impuesto de los pequeños empresarios, entre otras razones por ésta: el mal gobierno, omiso o cómplice de la industria del miedo, ha provocado la depreciación de los activos tangibles de la gente. Basta ver cómo se están malbaratando bienes y cerrando negocios por doquier, con el mal resultado de que en Michoacán se perdieron de enero a junio de éste año casi 70 mil empleos cuando el estado necesita 150 nuevos empleos anuales. “Si no me ayudas, no me estorbes”, hay decirle al mal gobierno.

El gobierno no ha pasado de ser un simple recaudador de impuestos, sin que aporte valor agregado a la competitividad en función de sus activos intangibles…, porque no los tiene. El esfuerzo de los dos gobiernos anteriores para pasar de la democracia representativa y recaudadora a la democracia participativa –que en mi opinión salió muy cara y fue mal orientada- ha sido tirada al bote de la basura. Ni qué decir de que nos estuviéramos encaminando a una democracia operativa en la que el desarrollo se ciudadanice.

Pero hay un agravante: ya se ha dicho que “gobierno sin representación pero con tributos, es tiranía”. Todo Michoacán sabe que el triunfo del PRI fue cuestionado, que los grupos de la ilegalidad presionaron, amenazaron y orientaron para desfavorecer al PAN y al PRD, nada más porque sí. La estrategia fue sencilla: que ganara con los votos de Morelia y que se inhibiera la votación panista y perredista de municipios menores. Los michoacanos tenemos un gobierno legal pero sin legitimidad que no ha logrado generar la percepción de que por él estamos representados, pero sí encaja el diente como cobrador de impuestos, luego entonces se trata de una tiranía.

Sin embargo hay que ser autocríticos y no rehuir las responsabilidades propias. Hay que hacer un ejercicio de revisión personal a conciencia y decir con sinceridad: “Por mi culpa”. ¿A qué me refiero? La mayoría de los empresarios han dejado la política en manos de los partidos, no quieren quitarle un poco a su vida privada para atender la vida comunitaria. Leen o ven noticieros, se quejan y opinan en sus conversaciones o redes sociales… y hasta allí. Pero se resisten a entender que nadie va a hacer por ellos lo que ellos necesitan: un gobierno democrático, justo y de cuentas claras, un gobierno al que se le paguen impuestos con gusto porque se sabe que el dinero será honesta, transparente y eficientemente gastado, además, un gobierno que co-gobierne de la mano del ciudadano.
Los empresarios, en general y de todos los tamaños, han visto a la política en un sentido restringido, como algo de “los políticos” cuando a partir de que el hombre se organiza en sociedad, surge la política como asunto de vida pública que exige de todos responsabilidad social entendiendo que ésta tiene entre sus componentes principales la participación política.

La vida pública de nuestro municipio, de nuestro estado y del país, es incumbencia de todos. Cuando dejamos en manos de otros la formación, el desarrollo, la ideología, la educación, el fomento económico, la política social, el emprendimiento del estado y del país en el que vivimos y vivirán nuestros hijos, no estamos actuando como ciudadanos maduros y conscientes, entre otras causas porque nos hemos creído el cuento de que la democracia empieza y se acaba en el mero acto de votar, sin participar después exigiendo, evaluando, aportando… El municipio, el estado y el país lo construimos todos los ciudadanos, el gobierno es sólo un instrumento de la sociedad, que permite la administración de nuestros recursos e impuestos y garantiza el orden público, por el mandato constitucional. Si esto no ocurre así es por 3 causas: nos equivocamos al votar, no participamos en política desde una posición ciudadana, y porque estamos muy lejos de lo que en éste momento se necesita: que los políticos se hagan más empresarios y los empresarios se hagan más políticos. Por mi culpa…

Rafael Ayala Villalobos

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